jueves, 3 de abril de 2014








...Me comienzo a despertar, siento una leve presión en el pecho...


Camino a paso rápido y firme, casi corriendo y a la vez escapando de mis consanguíneos.
   
Te busqué entre las sombras con un puñado de monedas sudadas por mis manos 
comprimidas de angustia. Por tu parte no es distinta la zozobra que sientes. 

Al rato te logro divisar en la altura, dichosa al escuchar mi voz entrecortada de felicidad. 

Caminamos sin preguntar a donde, pero ambos lo sabemos intuitivamente, quizás damos pasos en falso, pero ya nada importa, nuestro encuentro fue lo mejor en la noche fría y sin vida. 

Abro mis ojos, despierto con la cabeza fría por la brisa de la ventana; con mis ojos lagañosos molestos por la luz que los penetra echo una ojeada al reloj, muy pronto llegarás madre querida.

Vuelve la felicidad de aquel ensueño.

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